NAMIBIA: La región de Kaokoland, al norte de Namibia

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mayo 13, 2022

Namibia es uno de los países más especiales de África, sobre todo en lo que respecta a su paisaje. Destaca por tener una gran extensión, dominada por el desierto del Namib y la costa atlántica, y por mesetas rocosas y carreteras de tierra con una nula densidad de población. El norte del país, uno de los destinos más poco concurridos en cuanto al turismo por su difícil acceso, destaca por tener unas carreteras llenas de piedras; por atravesar ríos secos que se inundan durante la época de lluvias; para mantener todavía las tradiciones y costumbres de los diferentes grupos tribales de la zona; por paisajes rocosos y desérticos; por cascadas y ríos que separan Angola de Namibia y por ser un área totalmente remota donde no tendrás conexión ni cobertura. ¡Con todos estos ingredientes, la aventura está asegurada!

Región del Kaokoland.

Nosotros en este viaje de un año por África decidimos descubrir el norte de Namibia, también conocido como la región de Cunene, con nuestro propio coche durante una ruta de 5 días. Es importante que te prepares bien ya que tendrás que llevar contigo todo lo necesario para todos estos días porque durante el recorrido no encontrarás supermercados ni gasolineras (si puedes, llévate un depósito extra de gasolina y mucha agua), y estarás la mayor parte de veces solo con el paisaje y la poca población local que todavía habita en ese lugar remoto de Namibia.

A continuación, os explicaremos nuestra experiencia en el norte de Namibia por si queréis incluirla en vuestro itinerario de viaje. Consideramos como el norte de Namibia esa zona situada por encima del Etosha National Park (para leer nuestra experiencia en este parque, puedes clicar aquí), y situada al oeste de la C43, la carretera que va de la frontera natural de Angola a Palmwag pasando por Opuwo, la ciudad principal de esa región. El norte de Namibia limita con Angola, donde el río Cunene forma la frontera natural entre ambos países; y al oeste directamente con la costa atlántica, en una zona desértica conocida también como la costa de los esqueletos, y que se encuentra en pleno desierto del Namib. Toda esa región inhóspita y desértica también se conoce como el territorio Kaokoland.

Región del Kaokoland.

En esta zona del norte de Namibia encontrarás muchos himbas, un grupo tribal característico de la región de Cunene y el Kaokoland. Los himbas son un poblado seminómada que se dedica principalmente a la ganadería. Conduciendo por los caminos del norte de Namibia es muy probable que te encuentres poblados himba por el camino, así como también las mujeres himba que se caracterizan por ir con los senos descubiertos y por las trenzas de barro que llevan en la cabeza. Incluso, paseando por la ciudad de Opuwo, puedes encontrarlas dentro de las tiendas, mezclándose con los otros grupos tribales. Una visión antropológica muy interesante para ver cómo confluyen tradición y modernidad en pleno siglo XXI en Namibia.

Rebaño de las tribus Himba durante el camino.

En el norte de Namibia, también encontramos las Epupa Falls, unas cataratas que provienen del río Cunene y que separan este país de Angola. De hecho, desde Namibia estarás a pocos metros de territorio de Angola, sólo deberías cruzar un río en el que a veces puedes encontrar cocodrilos. De hecho, este río es uno de los más importantes del país, junto con el río Orange (que limita Namibia con Sudáfrica) y el río Okavango, situado en la franja de Caprivi (para saber más sobre nuestra experiencia en este sitio, puedes clicar aquí).

Epupa Falls.

Las carreteras para acceder al norte de Namibia sólo se pueden realizar si viajas con un 4×4. Piensa que las carreteras son todas de tierra, y en muchos casos formadas por piedras grandes que tendrás que atravesar conduciendo de forma lenta y cuidadosa. Por tanto, te aconsejamos que antes de ir revises si tu coche y tus ruedas están en buen estado. Como contrapartida, son carreteras muy bonitas, con paisajes semidesérticos, donde podrás descubrir las misteriosas esculturas de los Stone Men que os hablaremos más adelante, así como figuras de rocas en medio del desierto, diferente fauna salvaje que sobrevive en áreas totalmente aisladas y una zona totalmente inhóspita del país.

Un Stone Man misterioso…

Conducir por el norte de Namibia es totalmente una experiencia que seguro no te dejará indiferente. Descubrirás aún tradiciones ancestrales de la antropología humana, paisajes baldíos que tienen miles de años de historia, ríos transfronterizos y un entorno salvaje que tendrás que domesticar con la conducción de tu 4×4 por las carreteras rocosas de la región de Cunene y el Kaokoland.

Región de Kaokoland.

¿Cómo llegar?

Opuwo es la principal ciudad del Kaokoland y de la región de Cunene. Desde allí podrás descubrir diferentes lugares del noroeste de Namibia, como por ejemplo, las Epupa Falls, Orupembe o las tribus himba. Si vienes del norte del Etosha NP o de la franja de Caprivi, la mejor forma de llegar a Opuwo es seguir la C41, una carretera que va de la ciudad de Oshakati a Opuwo en un trayecto de 225 kilómetros que se pueden hacer en unas 3 horas por una muy buena carretera asfaltada.

Si vienes de Windhoek o del sur, la mejor forma para llegar a Opuwo es dirigirte hasta Kamanjab (la entrada oeste del Etosha NP), y desde allí conducir 205 kilómetros por la C35, una carretera asfaltada y en muy buen estado, hasta llegar al desvío de la C41, donde tendrás que conducir los últimos 60 kilómetros hasta llegar a Opuwo (en total, desde Kamanjab son unas 3 horas de trayecto).

Desde Opuwo, entonces, podrás acceder a los principales puntos de interés de Kaokoland por carreteras secundarias de tierra, donde necesitarás el 4×4 e ir bien preparado, es decir con depósito extra de gasolina para el coche, agua y comida. En el apartado de “¿Qué hacer en el norte de Namibia?” explicamos cómo hacer algunas de las rutas que condujimos nosotros, por si pueden seros útiles para utilizarlas como guía.

Carreteras del Kaokoland.

¿Qué hacer en la región del Kaokoland, al norte de Namibia?

El norte de Namibia es una zona muy remota donde podrás disfrutar de unos paisajes espectaculares y unas carreteras complicadas pero que merecen mucho la pena para acceder a unos de los rincones de África que todavía se mantienen tal y como eran y donde vivirás toda una aventura. Las principales actividades que destacamos a realizar son:

– Visitar las Epupa Falls

Las Epupa Falls son seguramente el principal atractivo turístico de la región de Cunene. Son una serie de grandes cascadas creadas por el río Cunene en la frontera de Angola y Namibia, en la zona de Kaokoland. El río, con una anchura de unos 500 metros entre ambos lados, cae en una serie de cascadas de una longitud de 1,5 kilómetros, donde la cascada más alta es de 37 metros de altura. El nombre «Epupa» es una palabra que en herero (el idioma local) significa «espuma», en referencia a la espuma creada por el agua que cae.

Epupa Falls.

Para acceder a las cascadas, la entrada es gratuita. De todas formas, encontrarás varias personas locales que se ofrecerán para hacerte de guía a cambio de una pequeña propina, y así te contarán la historia del lugar y de las costumbres de la gente de allí. Junto a las cascadas y al río hay diferentes alojamientos comunitarios donde podrás acampar y relajarte mientras escuchas el ruido del agua. En el apartado de “¿Dónde dormir en el norte de Namibia?”, especificamos algunos de estos alojamientos.

Río Cunene, justo antes de caer en el salto de Epupa.

Las Epupa Falls son las cascadas más importantes de Namibia, pero al encontrarse en un sitio bastante remoto, no suelen recibir gran cantidad de turistas. Visitar este sitio y todo su entorno es una actividad que consideramos imprescindible si visitas la región de Kaokoland y el norte de Namibia.

Epupa Falls, las mejores cascadas de Namibia.

– Ir en busca de los misteriosos Stone Men

Si conduces por las carreteras del norte de Namibia y, de repente, ves una escultura de piedra en forma de hombre que está en una determinada posición, querrá decir que has conseguido ver uno de los misteriosos Stone Men que se encuentran situados en el Kaokoland , un área remota e inhóspita del norte de Namibia.

Stone Man contemplando la zona desértica del Kaokoland.

Los Stone Men son un enigma sin respuesta en esta región salvaje de Namibia, sólo apto para viajeros aventureros en un paraíso desierto de misterios y maravillas. Estas esculturas de piedra, también conocidas como The Lone Men of Kaokoland y hechas con roca de la zona de Cunene, se caracterizan por tener la figura humana de un hombre que representa a varias personalidades. Cada figura se encuentra en una posición diferente: sentado, de pie, de rodillas, arrastrándose, de manos arriba, aguantándose desde una roca… En cada escultura, encontrarás una inscripción que indica el número y un breve mensaje indicando el título de su postura y la dirección a la que va ese misterioso hombre.

Stone Man, colgado de una roca…

Los podrás encontrar en diferentes puntos de Kaokoland, como por ejemplo en Purros, en el Van Zyl’s Pass y en la Costa del Esqueleto. Nosotros, en este artículo, explicamos con más detalle los distintos Stone Men que encontramos durante nuestra ruta de 5 días al norte del país. ¿Te animas a descubrir más por ti mismo? Cuando conduzcas por las tierras remotas de Kaokoland, ¡esté atento por si se encuentras un Stone Men cerca!

Stone Man, con nuestro coche y el de Nelly y Julie al fondo.

Además, nadie conoce al artista de estas esculturas. Es decir, el creador de los Stone Men ha conseguido pasar desapercibido y construir una galería de esculturas al aire libre en el paisaje olvidado del Kaokoland de Namibia. Y aquí, seguramente, está buena parte del misterio de estas esculturas. ¿Por qué en esta posición y en ese sitio? ¿Puede que el artista vaya colocando nuevos Stone Men en la región de Kaokoland? ¿Por qué no sale a la luz? Quizás estos enigmas son lo que hacen especial este sitio y hacen que la búsqueda de Stone Men sea una actividad muy entretenida a realizar durante tus días en el norte de Namibia. El misterio aún está por resolver…

Stone Man, un misterio aún por resolver en la región del Kaokoland.

– Acercarte a alguna tribu himba

En la región de Cunene, es decir, en el norte de Namibia encontramos buena parte de la población himba. Éstos, también se encuentran en el sur de Angola donde son conocidos como muhimba. Cuando conduces por las carreteras de esta área, encontrarás junto a los caminos distintos poblados circulares donde habitan los himba. Es una buena ocasión para acercarte e intentar establecer una cierta conexión para poder acercarte a ellos y conocer un poco más de su historia y sus tradiciones.

Kaokoland, región de la tribu Himba.

Los himbas son un poblado seminómada. Se dedican a la ganadería cuidando sus rebaños de cabras y vacas y se van moviendo en busca de agua y comida por el rebaño. La cultura himba no podría entenderse sin el ganado, que está presente en cualquier acontecimiento importante: bodas, funerales, nacimientos, rituales de pubertad…

Los himba viven en poblados circulares que se llaman kral y que destacan por ser una estructura, también en forma de círculo, de diferentes casas hechas de barro y paja. En medio del poblado, encontramos un espacio para guardar el rebaño. Mientras los hombres se dedican sólo a apacentar las vacas y el rebaño, las mujeres se encargan de la construcción y el mantenimiento del poblado, de los niños, de cocinar, de ordeñar las vacas, de buscar agua y de cuidar las cabras. De hecho, la leche de vaca es la principal base de su alimentación.

La mujer himba se caracteriza por las trenzas de barro que lleva en la cabeza. Cada mañana, con la mezcla de la tierra arcillosa, polvo de ocre y mantequilla de vaca realizan una especie de barro con la que se untan el cuerpo. Aparte de ser un elemento icónico de la tribu himba, este barro les sirve para protegerlas del sol y de los mosquitos. Los diferentes peinados que realizan con el barro dependen del estatus dentro de la tribu. Es un signo que va cambiando en función de la etapa de la vida. Por ejemplo, el cambio de la pubertad en la edad adulta significa un cambio de peinado. Si quieres saber más sobre ellos, puedes leer el siguiente artículo aquí.

Durante tu recorrido por la región de Cunene, te habituarás a ver población himba caminando por las calles y por las carreteras. Algunos de ellos, muchas veces, te pedirán dinero si quieres fotografiarlos. Por tanto, te aconsejamos que no saques la cámara sin haber hablado antes con ellos. También, te pedirán comida y los más pequeños te insistirán con la palabra “sweet”, una palabra que han aprendido a decir acostumbrados a que ciertos turistas, y en nuestra opinión de forma incorrecta, regalan caramelos a los niños sintiéndose los más solidarios del planeta. Tienes que ser consciente de que estás visitando un grupo tribal y, por tanto, debes tener cierta empatía y respeto hacia ellos, su forma de vida y acercarte a ella de una forma humana. Si puedes, dedica tiempo y romperás esta frontera del turista con dinero y ellos seguro que te lo devolverán con una experiencia inolvidable.

Poblado himba durante el camino por el Kaokoland.

– Realizar una ruta 4×4 por los diferentes lugares de esta zona

El norte de Namibia y la zona de Kaokoland, en la región de Cunene, son una de las últimas zonas más salvajes que quedan en Namibia. Este país, destaca por tener carreteras de tierra larguísimas que atraviesan paisajes desérticos con formaciones rocosas muy bonitas, así como parques nacionales como el Etosha NP. Aparte, también tiene una buena arteria de carreteras asfaltadas entre las principales ciudades del país. Pero, como las carreteras del norte no encontrarás ninguna igual en el resto del país.

Con nuestro 4×4 conduciendo por caminos off-road.

Las carreteras del Kaokoland sólo son aptas para vehículos 4×4, ya que destacan por ser carreteras llenas de piedra, con algún cruce de río (en época de lluvias, quizás no puedas cruzar el río y, por tanto, no puedas visitar alguna parte de esta área) y un terreno totalmente abrupto que le convierten en todo un reto para aquellos viajeros más aventureros.

Nosotros íbamos con nuestro Toyota Land Cruiser 4×4 que aguantó muy bien durante toda la ruta, aunque las ruedas se gastaron más rápidamente debido a la topología del terreno y las tuvimos que cambiar al cabo de aproximadamente un mes de hacer el recorrido. Os aconsejamos que activáis el 4×4, y que lleváis un buen mapa para situaros y que tengáis paciencia, ya que en ciertas carreteras no superarás los 20 kilómetros por hora debido a las condiciones del camino.

Caminos del Kaokoland.

A continuación, os detallaremos algunas de las rutas que nosotros hicimos por el norte de Namibia por si son de vuestro interés:

RUACANA-EPUPA FALLS (por la D3700): Esta seguramente es de las mejores carreteras que hicimos. En parte, porque el trayecto de Ruacana a Epupa Falls lo están arreglando y acondicionando para facilitar la llegada de turistas a estas cascadas. De Ruacana, que es donde termina la carretera asfaltada de la C46 que viene de Oshakati (en el centro-norte del país), a Epupa Falls hay un total de 160 kilómetros en una carretera de tierra (D3700) que está bien y que transcurre paralelamente al río Cunene, y donde podrás encontrar distintos poblados himba junto a la carretera. Piensa que en Ruacana es el punto en el que encontrarás la última gasolinera antes de adentrarte en la región del Kaokoland. Por tanto, recomendamos que rellenes todos los depósitos aquí. Este recorrido lo podrás realizar en unas 4 horas de trayecto.

Carretera de Ruacana a Epupa, de tierra pero en buen estado.

EPUPA FALLS-OPUWO (por la C43): Esta ruta, que transcurre totalmente por la C43, conecta las Epupa Falls con la principal ciudad de la región, Opuwo. Esta carretera también es de tierra pero está en buen estado, con un trayecto de 180 kilómetros que podrás realizar alrededor de 3 horas. Por el camino, encontrarás distintos pueblos himba, así como poblados como Okangwati y escuelas de primaria donde los visitantes son bienvenidos, como la escuela de Omuhonga.

Avanzando dirección a Opuwo, la capital de la región del Kaokoland.

– OKANGWATI-OPUWO (por la D3703): Esta ruta de 180 kilómetros es una de las más complicadas que hicimos durante nuestra ruta en el norte de Namibia. Sale de la población de Okangwati, a la que llegas a través de la C43 que va de Epupa Falls a Opuwo, y allí te desviarás dirección al oeste. Los primeros kilómetros son de tierra y pasan por distintos pequeños poblados, pero a partir del poblado de Etengwa, la carretera se complica mucho. Con muchos desniveles y un terreno lleno de rocas, la conducción por esta zona es todo un reto y tendrás que ir muy despacio. Después llegarás a un pequeño pantano de agua, que es el Ovivero Dam, donde encontrarás diferentes rebaños y pastores que esperan a la sombra de algunos de los árboles mientras el calor del día golpea fuertemente. Un lugar hermoso para estirar las piernas (si prefieres, puedes dejar el coche aparcado antes de la arena, ya que para acceder tienes que pasar por encima de un río seco).

Rebaños de pastores en Ovivi Dam.

A los pocos kilómetros del pantano, encontrarás a tu izquierda un desvío que va hacia el Van Zyl’s Pass, la carretera en mayúsculas de esta zona por su dificultad y que puedes tardar tranquilamente 3 horas para recorrer los poco menos de 40 kilómetros de esta ruta complicada. Nosotros, no la hicimos y seguimos por la D3703 hasta llegar al desvío que te lleva hacia Orupembe. Aquí dejamos esta carretera y avanzamos más hacia el oeste.

Desde el desvío hacia Orupembe (situado cerca de la población de Etanga), hasta Opuwo conduciendo por la D3703, hay un total de 100 kilómetros que puedes hacer aproximadamente en 2-3 horas ya que la carretera en esta parte está en mejor estado.

Carreteras del Kaokoland.

Por tanto, si haces la ruta circular de Okangwati a Opuwo, encontrarás una primera parte muy complicada a conducir con tu 4×4 pasando por diferentes pendientes llenas de piedras. Si tienes mucha experiencia y quieres hacer el Van Zy’ls Pass, tendrás que tomar esta carretera y desviarte justo pocos kilómetros después del pantano. Si quieres ir hacia Orupembe, como hicimos nosotros, tendrás que desviarte justo antes de Etanga.

Justo antes del Van Zyl’s Pass, con un terreno rocoso y de mucha pendiente que conseguimos pasar con nuestro 4×4.

– ETANGA-ORUPEMBE-OPUWO (desde el desvío de la D3703, y después por la D3707): Este recorrido que hicimos comienza justo unos 13 kilómetros antes de Etanga, en el desvío que va hacia el oeste, dirección a Orupembe. Aquí la carretera se vuelve más llana, con diferentes cruces de río y caminos que llevan a la misma dirección. Recomendamos que sigas la aplicación Maps.me para ver el recorrido.

Aquí los caminos son más abiertos, con ciertas subidas pero que no son tan fuertes ni duras como la ruta de Okangwati al pantano de Ovavi. Nosotros, como empezamos al mediodía a realizar esta ruta, dormimos en medio del camino, en una zona donde había baobabs y una zona llena de pequeños árboles muy tranquila. Hasta llegar a la D3707, son un total de 70 kilómetros pero que vas a hacer en un tiempo de 4-5 horas.

Carretera dirección a Orupembe desde el norte.

Nosotros, al día siguiente, en vez de ir directamente a Orupembe, nos desviamos para ir al Marble Camp, que se encuentra 25 kilómetros al norte de Orupembe, y que destaca por tener una mina de mármol desde de dónde puedes hacer muy buenas instantáneas ya que está en medio de la nada. Y, por el camino, ya podrás empezar a encontrar alguno de los misteriosos Stone Men. El recorrido es complicado, pero se puede realizar bien si se va despacio y con precaución.

Después, de Orupembe puedes ir directamente a Opuwo conduciendo por la D3707, una carretera de tierra de 215 kilómetros, donde encontrarás distintos poblados y puntos de agua, antes de llegar a la principal ciudad de la región. Nosotros, este pedazo no lo hicimos, porque fuimos de Orupembe a Sesfontein siguiendo también por la D3707, ruta que explicamos a continuación.

El primer Stone Man que encontramos, de Orupembe al Marble Camp.

– ORUPEMBE-SESFONTEIN (por la D3707): Aquí, la carretera se vuelve de nuevo namibiana, es decir, ancha y con rectas largas de tierra. Pero esta carretera destaca por tener un pavimento ondulado que hará temblar constantemente el coche. El paisaje cambia, con una perspectiva mucho más amplia que las rutas anteriores y con vistas al desierto en el horizonte. ¡Prepárate también para ver diferentes Stone Men durante el camino!

De Orupembe irás dirección a Purros por la D3707, donde podrás encontrar algunos animales como jirafas y antílopes. Nosotros aprovechamos para comer junto a la carretera mientras observábamos a estos animales de cuello largo y nos preguntábamos cómo podían vivir en un lugar tan remoto como éste.

¡Jirafas del Kaokoland!

A 43 kilómetros de Orupembe, hay un desvío que se dirige hacia el desierto. Si lo coges, irás a parar al cabo de unos 16 kilómetros por una ruta que se encuentra ya en medio del desierto a una curiosa formación rocosa: una roca que tiene forma de oso. Por el camino, encontrarás alguna escultura más de Stone Men. Un lugar muy bonito en medio de la nada.

Rocas en forma de animal que encontrarás si te desvías pocos kilómetros de la carretera de Orupembe a Purros

Después de aquí, nosotros seguimos por este mismo camino hasta llegar al río Khumib, donde fuimos dirección norte hasta volver a enganchar con la carretera D3707. Es probable que en época de lluvias este camino esté intransitable, ya que nosotros tuvimos que pasar durante ciertos momentos por medio del río que estaba, en esos momentos, seco. Desde la formación rocosa del oso hasta la D3707, pasando por el río hay un total de 18 kilómetros.

Una vez que estés de nuevo en la D3707, ya te encontrarás sólo a 35 kilómetros de la población de Purros. Por el camino, podrás encontrar nuevas esculturas de los Stone Men. Para atravesar el pueblo de Purros, es muy recomendable que antes de llegar a la población te desvíes dirección Omenje Camp para cruzar el río Hoarusib, uno de los más importantes de la zona. Sobre todo, porque si sigues la D3707, el cruce del río por aquella zona está lleno de arena y es muy difícil de cruzar… En cambio, si das la vuelta circular por el norte de sólo 11 kilómetros que hicimos en Purros te aseguras que podrás cruzar tranquilamente. Si es época de lluvias, debes vigilar con el estado del agua, preguntar y asegurarte bien de que se puede cruzar ya que se trata de uno de los ríos más importantes del Kaokoland.

Por último, de Purros a Sesfontein hay un total de 100 kilómetros en una carretera en buen estado, de tierra pero ancha, con esculturas de Stone Men y que no te causará ningún tipo de problema. La podrás realizar en 2 horas con tu vehículo. Aquí, en muchas ocasiones, la gente ha visto elefantes junto a la carretera, en un paisaje totalmente desértico. Nosotros no tuvimos esa suerte.

Pero lo que sí hicimos nosotros fue dormir haciendo camping libre en el Signal Hill, una pequeña montaña en medio del desierto. Para llegar, debes girar hacia el sur en el pequeño camino que verás situado justo 45 kilómetros antes de llegar a Sesfontein, y conducir por una carretera en medio del desierto durante 7 kilómetros hasta llegar a esta pequeña montaña, donde te puedes subir para contemplar la puesta de sol y la inmensidad del desierto.

Carretera hacia el Signal Hill.

Unos amigos que habían acampado allí hacía unos años nos dijeron que ellos habían visto leones ahí al lado cuando despertaron. Nosotros tampoco tuvimos esa suerte pero sí es cierto que hay personas que se encuentran con elefantes y leones en esta zona desértica de Namibia. Son los elefantes y leones del desierto, que se han adaptado en este medio y se caracterizan por tener una mayor adaptación en este entorno, sin necesidad de beber agua tan a menudo y con un ecosistema diferente al resto.

Sesfontein es una población que dispone de gasolinera, así como de alojamientos. De Orupembe a Sesfontein, si no te desvías para ir a ver la formación rocosa del oso así como el Signal Hill, son un total de 211 kilómetros que podrás hacer en 4 horas en una carretera de tierra donde el coche temblará pero llegarás tranquilamente en tu destino. Desde Sesfontein, podrás llegar de nuevo a Opuwo (150 kilómetros – 2 horas) por la C43, una carretera muy panorámica que, en su mayoría de tramos, está asfaltada; o desviarte hacia Palmwag, en el sur, y dejar atrás el territorio salvaje del norte de Namibia.

Carretera asfaltada de Sesfontein a Opuwo.

¿Dónde dormir en la región de Kaokoland, al norte de Namibia?

La región del Kaokoland destaca por ser un sitio con muy poca presencia de infraestructura turística. Nosotros acampamos varias noches libremente junto a la carretera. Estábamos completamente solos y no recibimos ninguna visita durante aquellas noches. Es un buen lugar para realizar este tipo de acampada, aunque hay que tener en cuenta la presencia de fauna salvaje y no ponerse al lado de cauces de ríos porque se pueden inundar muy fácilmente.

Acampada libre en el Signal Hill, en la zona del desierto de la región del Kaokoland.

También, dormimos en algunos alojamientos que destacaremos a continuación. Éstos se encuentran en puntos más turísticos como las Epupa Falls. Nosotros estuvimos en:

– Camp Cornie: Este alojamiento está situado en la carretera que va de Ruacana a Epupa. Sólo dispone de zona de camping junto al río Cunene y bajo las sombras de palmeras; y también de tiendas preparadas por aquellos que no tengan material de acampada. Dispone de aseo, ducha, zona para hacer fuego y wifi (aunque no siempre llega). Pagamos 150 NAD por persona (unos 8.50€) y sólo se puede pagar en efectivo. Para más información, puedes clicar aquí.

Camp Cornie, al lado del río Cunene y rodeado de palmeras.

– Epupa Falls Lodge: Este Lodge está situado junto a las cascadas Epupa y del río Cunene. Es un lugar muy bonito porque dispone de una buena zona de acampada con sombra, desde donde puedes escuchar el ruido de las cascadas. Allí, podrás refrescarte en la piscina, disfrutar de una cerveza desde una plataforma elevada donde ves las cascadas desde arriba, y estar a pocos metros de las Epupa Falls. Un muy buen sitio para pasar la noche antes o después de visitar las cascadas. Para más información, puedes clicar aquí.

Epupa Falls Lodge, justo antes de las cascadas.

Nuestra ruta

DIA 1: Nos despertábamos en Oshakati, una ciudad en la que estuvimos unos días para tramitar la visa por Angola en el Consulado. Después de haber entregado ya todos los documentos, y haber solucionado un pequeño susto con el coche que nos pasó (un intento de robo que acabó sólo con un cristal roto gracias a que el guardia del Consulado de Angola nos avisó de que lleváramos mejor el coche delante suyo para que lo pudiera controlar), era hora de descubrir el Kaokoland y el noroeste de Namibia, una región totalmente remota del país.

¡Kaokoland, allí vamos!

Salimos de Oshakati por la mañana, después de cargar el coche con reservas de comida y de agua, y comprar en Cymot (el Decathlon del camping) un bidón de 25 litros para poder llenarlo de gasoil por el coche. Nos esperaba un día largo de carretera donde pararíamos antes de Epupa Falls ya que con un día veíamos totalmente excesivo realizar todo el trayecto desde Oshakati hasta estas cascadas tan populares de Namibia.

En un primer momento, la carretera estaba asfaltada y en muy buen estado. Llegamos a Ruacana, en unas 2 horas, y allí cargamos el depósito del coche lleno de gasoil (y también el depósito extra que llevábamos). Desde allí, se terminaba el asfalto y comenzaba la aventura de estos días por esta región de Namibia.

Primeros paisajes con el río Cunene que nos acompaña desde Ruacana.

Hicimos una primera parada en las Ruacana Falls, que estaban completamente secas ya que la presa no estaba abierta. Allí, por primera vez, veíamos el río Cunene, un río que separa Namibia y Angola y que desemboca en el océano Atlántico, y que nos acompañaría durante estos primeros días. En Ruacana, había un punto de control para cruzar a Angola, pero desgraciadamente el país tenía cerradas sus fronteras terrestres y, por tanto, no estaba abierto. En ese momento, estábamos a dos metros literales de pisar Angola, así que cruzamos los dedos esperando una respuesta positiva por parte del Consulado y así poder ir a este país de ex colonia portuguesa que tan bien nos había hablado mucha gente.

El río Cunene: a un lado Namibia, y al otro lado Angola.

Tras dejar atrás Ruacana, seguimos avanzando por una carretera que estaba en mejor estado de lo que esperábamos. Antes, la carretera de Ruacana a Epupa era todo un infierno, pero ahora la estaban ampliando y arreglando, lo que permitía conducir con mayor tranquilidad. Por el camino, empezamos a encontrar los primeros poblados Himba. Algunos estaban abandonados y otros sólo veíamos a mujeres y niños que salían corriendo para llamar “muzungu” desde el lado del coche. Algunos, incluso, de malos modos cuando veían que no parabas para dar algún caramelo o algo. Los efectos contraproducentes del turismo en estos sitios remotos.

Llegamos a nuestro camping, el Camp Cornie, un lugar en el que estábamos completamente solos junto al río Cunene y rodeado de palmeras. Mientras montábamos la tienda, una moto con 3 himba arriba se aproximaba para dar un paquete a Ian, la persona que estaba de responsable en el camping. Él nos invitó a visitar un sitio que había descubierto donde había caído (según él) un meteorito. Así que no lo pensamos y fuimos con él y su coche.

Con Ian, buscando meteoritos…

Se notaba que se conocía la carretera porque conducía rápido… A Ian le interesaba mucho el tema de los fósiles y aquella mañana había visto una zona más carbonizada donde seguramente había caído un meteorito. Después de dar media vuelta a la carretera, paramos junto al arcén y empezamos a andar hasta que descubrimos unas rocas más negras y de otro tipo que las que había a su alrededor. No sabemos si había sido un meteorito, pero sí que Ian tenía razón de que en aquellos cientos de metros cuadrados algo había pasado. Aprovechamos para tomar fotografías y para llevarnos alguna piedra para investigar en el Camp Cornie. Ian buscaba algún geólogo que estuviera interesado en hacer un estudio de investigación en esta zona, y por eso, hacía difusión en Facebook.

La zona donde supuestamente cayó un meteorito, cerca de la carretera de Ruacana a Epupa.

Después de esa pequeña excursión por la zona, vimos llegar por la puerta otro coche. Eran Nelly y Julie, una pareja de ingleses que llevaban ya más de 3 años viajando por todo el mundo. Les enganchó la pandemia en África y nosotros coincidimos con ellos durante el Fin de Año que celebramos en la Franja de Caprivi. Nelly es uno de los administradores de los grupos de overlanders, viajeros que van con su coche por todo el mundo. Estuvimos contentos de compartir una pequeña barbacoa con ellos y una buena velada junto al río Cunene.

Antes de acostarnos, Ian volvió a venir para enseñarnos escorpiones que brillaban con la luz ultravioleta y que estaban en los árboles del campamento. Además, tuvimos la suerte de recibir una visita de un pequeño antílope mientras buscábamos los escorpiones y hacíamos fotografías de estos animales curiosos. Era la primera vez que los veíamos durante nuestro viaje a África, así que ahora ya podíamos ir a dormir. Mañana, tocaba llegar a las Epupa Falls.

¡Nuestro primer escorpín!

DIA 2: Por la mañana, después de despedirnos de Ian, nos dirigimos a las Epupa Falls. Era un trayecto corto que seguía el río Cunene. Llegamos a la Epupa Falls Lodge donde Nelly nos había dicho que hacían descuento para viajeros que iban con su coche, así que llegamos allí y disfrutamos del espacio que tenía piscina y una zona de acampada debajo de las palmeras desde donde se oía el rugido del agua de las cascadas.

Epupa Falls Lodge.

Nelly y Julie llegaron más tarde que nosotros ya que son de despertar lento, así que después fuimos con ellos a ver las Epupa Falls, uno de los puntos más bonitos de la zona noroeste de Namibia. Las cascadas que se forman a partir del agua del río Cunene no nos dejaron indiferente. Ver cómo el agua caía con bastante fuerza en medio de las rocas y cómo el río proseguía su curso era una manera de meditar con la naturaleza y ver la grandiosidad del planeta en lugares tan remotos como aquél.

Epupa Falls.

Después de hacer varias instantáneas del lugar y del momento, volvimos al Lodge donde pudimos disfrutar de una buena tortilla de patatas conjuntamente con Nelly y Julie. Superado esta primera parada de Epupa Falls, al día siguiente tocaba aventurarnos por las carreteras desérticas del Kaokoland y los misteriosos Stone Men. Por si acaso, Nelly y Julie nos dejaron un walkie-talkie para estar comunicados en caso de que ocurriera algo. Y, finalmente, sí que tuvimos que utilizar el aparato…

Un día al lado del río Cunene y las Epupa Falls.

DIA 3: Nos levantamos temprano para dirigirnos a la población de Okangwati, donde el día anterior nos habíamos comprometido con el vigilante de nuestro Lodge que llevaríamos a sus hijos a la ciudad porque volvían a la escuela después de unos días de vacaciones. Hacía muy buen día, y al salir ya nos esperaban los dos chicos que subieron tímidamente a los asientos traseros y permanecieron casi todo el trayecto en silencio. Nelly y Julie, como de costumbre, salían más tarde. Así que con ellos quedamos que nos encontraríamos en el desvío de la carretera D3703 que va dirección a Orupembe.

Llegamos a la población de Okangwati, un lugar con bastante ambiente donde encontrábamos diferentes etnias locales y allí nos desviamos para empezar la ruta… ¡Y qué ruta! Al principio, con nuestro 4×4 íbamos haciendo tranquilamente, pero es que después había unas pendientes muy pronunciadas con rocas en medio del camino que desequilibraban el coche y, por tanto, el copiloto debía bajar del coche y guiar al conductor por tal de pasar los diferentes impedimentos que íbamos encontrando por aquella carretera.

Caminos del Kaokoland.

Llegamos hasta el Ovivero Dam, un pantano situado junto al camino que estaba lleno de vacas bebiendo agua y los pastores bajo la sombra de los árboles. Nos acercamos andando donde estaban ellos, y pudimos hablar con el único que hablaba inglés. Nos preguntaron de qué país veníamos y hablamos del problema que existe con la falta de agua en esta zona. Aparte de los pastores, había también mujeres y niños himbas que se refugiaban del calor, y más allá jóvenes que se distraían jugando a cartas sobre el suelo arenoso del pantano.

Tocaba seguir avanzando, mientras intentábamos manejar el walkie-talkie que nos había dejado Nelly y Julie. Era raro no recibir ninguna señal porque nosotros habíamos avanzado muy lentamente y nos habíamos parado un buen rato con estos pastores, pero intentábamos tocar todos los botones y no había manera de contactar con ellos. Así que decidimos seguir tirando ya que nos encontrábamos a pocos kilómetros del desvío hacia Orupembe.

Seguimos avanzando por la carretera, que se caracterizaba por ser estrecha, en medio de árboles, rocas y pastores nómadas. Pasamos el desvío del Van Zyl’s Pass, y por un momento pensamos en cogerlo para ver realmente cómo era aquella carretera, que dicen que es una de las peores de Namibia. ¡Por un trayecto de 40 kilómetros tardas unas 3 horas! Pero, finalmente, el juicio predominó y continuamos, poco a poco, conduciendo por la D3703.

Hasta que llegamos al desvío de Orupembe y allí nos esperamos a que llegaran Nelly y Julie. Y, nos esperamos un buen rato… Nosotros sufríamos porque ellos viajaban en un coche mucho más pesado y estábamos convencidos de que seguramente habrían tenido problemas para pasar por la carretera que hacía pocas horas habíamos hecho nosotros. Pero no recibíamos respuesta por el walkie-talkie… Ya no sabíamos qué hacer, hasta que de repente el walkie-talkie hizo un pequeño ruido. ¡Por fin, había comunicación! Intentamos contactar con ellos diciendo que ya estábamos en el punto donde dijimos, y oímos a Nelly que decía que estaba a 5 kilómetros de Etanga. ¡El walkie-talkie había funcionado!

Nuestro walkie-talkie que no sabíamos como iba…

Cuando llegaron, nos explicaron que ellos habían entendido que nos encontraríamos en el desvío de Okangwati, pero nosotros entendimos que el punto de encuentro era el desvío de Orupembe. Ellos siguieron conduciendo hasta Opuwo por la carretera general para ver si nos encontraban y después giraron hacia Etanga por la D3703, en sentido contrario al que íbamos nosotros. Y, suerte por ellos… Porque de Opuwo a Etanga, la carretera estaba en bastante buen estado según Nelly. Y cuando le enseñamos los vídeos del camino que habíamos hecho nosotros, él ya tuvo claro que su coche no hubiera pasado por ahí. Así, ¡que casualidades del destino, al final nos encontramos de nuevo y fue bien porque todos llegamos a salvo!

Después, condujimos conjuntamente avanzando dirección a Orupembe. Hoy no llegaríamos a la población, por tanto, tocaba buscar un sitio para acampar libremente. Nosotros íbamos detrás siguiendo el coche de Nelly y Julie y disfrutando de un paisaje que se iba abriendo detrás de las montañas, con un camino más amplio y diferentes cruces de ríos y pequeños grupos tribales y pastores que íbamos encontrando.

Pasamos junto a un baobab, y salimos del camino para avanzar hacia el interior de la montaña donde encontramos un lugar tranquilo y protegido para pasar la noche. El día de hoy había sido toda una aventura, pasando por una de las carreteras más complicadas de todo el viaje junto a la carretera que subía al Mount Kenya. ¡Ya habíamos pasado el trozo más duro de nuestra aventura por el noroeste de Namibia! O eso era lo que pensábamos nosotros…

Nuestro lugar de camping libre, en medio del Kaokoland.

DIA 4: Habíamos acordado que saldríamos conjuntamente sobre las 9h de la mañana. De esta forma, seguro que no nos perderíamos. Nelly y Julie ya habían estado por esta zona, y ellos les encantaba ir en busca de los Stone Men. En un mapa del móvil, tenían apuntado todos los que habían visto durante la primera vez que vinieron al Kaokoland, ¡así que esta vez esperaban encontrar de nuevos!

Nosotros queríamos ir a ver una mina de mármol que habíamos oído que era muy curiosa por estar en una zona totalmente desértica. A veces, parece mentira los contrastes que encontramos en la naturaleza. La mina estaba cerca del Marble Camp, así que nos desviamos de la ruta que iba hacia Orupembe y de camino a la mina, Nelly giró de repente y, de repente, ¡ahí estaba nuestro primer Stone Men! Una escultura de piedra en la que salía un hombre como si caminara mirando hacia el norte. Era un misterio quien era el autor de estas esculturas y el motivo, pero era bonito encontrar en ese paisaje aquellas figuras tan secretas y enigmáticas que hacían la ruta más especial.

Nuestro primer Stone Men.

Después de tomar diferentes fotografías con el primer Stone Men, seguimos la ruta hasta llegar a la mina de mármol. Allí, había una montaña de mármol blanco característico del mobiliario de nuestros lavabos… No había señal alguna de vida alrededor, así que entramos allí con el coche y caminamos para capturar esta imagen con nuestras cámaras.

¡Una mina de mármol en medio de la región de Kaokoland!

Era hora de seguir avanzando hacia Orupembe, y de repente, otro Stone Men estaba colocado en nuestro camino. Nos aproximábamos a una zona donde veríamos distintos Stone Men. Dicen que oficialmente hay 16, pero hay gente que ha contabilizado más de 30… ¿Cuántos hay? ¡También es un misterio! Durante el trayecto, en algunos cruces de río, a veces nos tocó bajar del coche y colocar piedras para nivelar el terreno y de esta manera, Nelly y Julie con su coche (mucho más pesado que nuestro Toyota) podían avanzar.

Intentando equilibrar el camino durante nuestro recorrido por el Kaokoland.

Después de Orupembe, paramos a comer junto a la carretera, donde había varias jirafas comiendo tranquilamente de los pocos árboles que quedaban. Habíamos dejado atrás aquellos caminos pedregosos estrechos y los cruces de río; y avanzábamos hacia un altiplano totalmente rocoso, seco y desértico. Era muy curioso ver a estos animales en aquel lugar, pero como también ocurre con los elefantes del desierto, estos se acostumbran al ecosistema donde se encuentran. Las jirafas estaban allí mirando cómo dos coches estaban parados, con las mesas fuera, comiendo cómodamente después de días saltando y conduciendo por carreteras totalmente offroads.

Después de comer, seguimos avanzando hasta que llegamos al desvío que nos llevaba hacia una formación rocosa muy curiosa: la figura de un oso. Por el camino, en medio del desierto, encontramos a otro Stone Men arrastrándose por el suelo. Como si estuviera totalmente sediento por el calor, e intentara llegar de cualquier manera a su destino final… Nosotros también estábamos bien acalorados por aquellos días tan soleados, pero por suerte viajábamos con un buen coche y íbamos mucho más rápido que caminando a pie por el desierto.

Carreteras del Kaokoland.

Después de unos kilómetros donde el paisaje cambió completamente, teniendo ante nosotros una gran esplanada de arena a ambos lados, con pequeñas montañas de roca que sobresalían y un horizonte totalmente visible; llegamos a la roca del oso. Realmente, esta roca tenía forma de oso. Y, seguro que si buscáramos más formas en la multitud de rocas que habíamos encontrado durante el camino, ¡tendríamos una lista muy larga y original!

¡Esteve, el coche y un oso en el Kaokoland!

En la roca del oso, nos despedimos finalmente de Nelly y Julie. Ellos se quedarían a dormir libremente por esa zona y mañana irían avanzando hacia Purros; mientras que nosotros decidimos avanzar más y continuar hasta después de Purros para dormir en el Signal Hill, un lugar donde Nelly y Julie se encontraron con leones cuando acamparon allí. Nos alucinaba la idea de ver a estos animales y elefantes en un paisaje tan diferente como el desierto, ¡así que avanzamos hacia allí!

Y, para llegar de nuevo a la carretera principal, ¡por favor, qué carretera! No quisimos volver por el mismo sitio y avanzamos por carreteras offroad en medio de un paisaje totalmente desierto. Estábamos en un lugar bien remoto, y justo enfrente nos encontramos un río seco que tocaba atravesar y avanzar siguiendo su silueta para llegar a la carretera que nos llevaría a Purros. Por suerte, el río estaba completamente sin agua pero, por su parte, tenía mucha arena. Pero nuestro coche, de nuevo, pudo con este nuevo reto y llegamos a la carretera principal, la D3707, que nos llevaría a Purros y que iba en dirección a Sesfontein.

Carreteras del Kaokoland.

Antes de llegar a Purros, y siguiendo los consejos de Nelly y Julie, nos desviamos para evitar pasar por una zona llena de arena del río Hoarusib. Había una posibilidad muy alta de quedarnos atascados, así que dimos una vuelta y pasamos por medio de diferentes campings antes de volver de nuevo a la carretera principal.

Llegamos al desvío que nos dirigía hacia el Signal Hill (suerte que Nelly nos dijo dónde estaba, porque no estaba nada señalizado) sin haber visto ningún elefante del desierto. Desde allí, teníamos delante de nuestros ojos un desierto inmenso que llegaba, decenas de kilómetros más allá, hasta la costa atlántica. Nosotros avanzamos sólo un pequeño pedazo, unos 8 kilómetros, antes de llegar a una pequeña montaña que tenía un cartel en lo más alto lleno de etiquetas de viajeros que habían dejado su marca allí.

Puesta de sol desde el Signal Hill.

Hicimos fuego, y disfrutamos de una gran puesta de sol mientras observábamos diferentes oryx que se adentraban lentamente hacia las dunas del desierto. El cielo, esa noche, estaba bien estrellado. Ya era la última noche durante nuestra aventura por la parte noroeste de Namibia.

Haciendo fuego en el medio del desierto, en el Kaokoland.

DIA 5: Nos levantamos esperanzados de encontrar algún león a nuestro lado pero, desgraciadamente, no había rastro de felinos. Sólo vimos algunos antílopes desde la lejanía y la inmensidad de la arena del desierto frente a nosotros. Era un desierto diferente al que habíamos visto en Sesriem, más rocoso y con más montaña y poca duna, pero era igualmente impresionante ver la gran extensión desconocida de terreno que teníamos delante de nosotros.

Signal Hill.

Después del desayuno, volvimos a la carretera principal hasta llegar a Sesfontein, una población donde volvíamos a tener cobertura de móvil y donde estaba la primera gasolinera de toda nuestra ruta después de haber cargado gasolina en Ruacana. Habíamos tenido suerte del depósito extra que teníamos porque lo gastamos todo durante estos días. Rellenamos de nuevo el depósito y nos volvimos a conectar digitalmente al mundo.

La primera gasolinera en Sesfontein después de todos estos días en ruta por el Kaokoland.

Y allí, en el móvil, teníamos un mensaje muy importante del Consulado de Angola en Oshakati. Nuestra visa estaba aprobada y, por tanto, ¡ya podíamos ir a buscarla y viajar hacia Angola con un test de PCR hecho no menos de 72 horas antes!

Así que avanzamos rápidamente hacia Opuwo por la C43, una carretera panorámica en muchos tramos asfaltada y muy bonita. Durante el camino, encontrábamos de nuevo coches y personas en el arcén de la carretera. Volvíamos de nuevo a la civilización después de 5 días totalmente aislados en una zona remota de África.

Llegamos a Opuwo, compramos almuerzo ya hecho en el supermercado, y fuimos en busca de un poblado himba que una persona había recomendado por Internet. Lo buscamos pero no lo encontramos… Seguramente, o las indicaciones que nos habían dado eran erróneas; o bien nos equivocamos nosotros; o bien el poblado himba se había desplazado de sitio. Durante este tiempo de sequía, muchos grupos tribales se desplazaban en busca de agua por el rebaño dejando atrás sus antiguas casas para construir nuevas en espera de que en aquella región hubiera más recursos para sus animales.

Por último, había llegado el momento de regresar a Oshakati. Habíamos descubierto Kaokoland con nuestro coche. Un lugar muy remoto donde te encuentras inmerso en un paisaje totalmente silencioso, donde la soledad va acompañada de recorridos complicados, grupos tribales aislados, cascadas transfronterizas y carreteras impasables pero de una belleza única que hacen de este sitio, el Kaokoland, un lugar especial.

¡Gracias Kaokoland!

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